Fragmento de nota de Sandra Russo en Pagina 12

Es incompleta la lectura de la realidad si no se abre la mirada a esos otros jóvenes, los militantes, que en partidos políticos, organizaciones sociales y sindicatos vienen puliendo su inserción activa en las cuestiones que los incumben. El militante siempre es el que está cortando la calle, el increíblemente sospechoso de obvias “intencionalidades políticas”. La mirada social nunca lo encuentra discutiendo en los barrios, en asambleas, en trabajos voluntarios, dando servicio. Pero las cosas suceden aunque no se las relate. Y lo cierto es que vivimos una época vertiginosa que vuelve a dejar en carne viva lo argentino y su estigma. A la reaparición de viejos gérmenes, como el pedido de represión al que son tan afectas las estrellas del espectáculo que si no viven en Barrio Parque adorarían hacerlo, se le suman otras reapariciones que sin embargo son ocultadas. La militancia, por ejemplo. En varios partidos. Esos jóvenes configuran un tipo de argentinidad que no conocemos y que será bueno ver alumbrar: una militancia de jóvenes nacidos y criados en democracia. No como aquellos de los ’70 que surgían como una respuesta a la proscripción y los golpes de Estado. Esta es una generación con otra escuela y es la política el instrumento lógico que encuentran para involucrarse.


Prefiero hablar de esperanza en un momento en el que este país vuelve a mostrar su horrible hilacha de siempre. Prefiero subrayar la esperanza en un momento en el que una vez más este país parece larvado con ese veneno incomprensible. Quizá desde las bases, donde están esos militantes de los sectores populares, venga la sensatez de articularse. Necesitarán de esa articulación para resistir la ofensiva que ya es obvia.
Prefiero la esperanza, que son los militantes de todos los partidos democráticos. La materia prima de lo único nuevo posible. La garantía.