Vastas áreas de los sectores populares y la clase media quedaron fuera del prometido derrame de la riqueza excedente, que nunca llegó.
Los antiguos paradigmas, usos y costumbres, quedaron en la sombra de la marginalidad, ocupando su lugar una subcultura híbrida creada por los propios saqueadores desde la comunicación y la publicidad.
Aldo y Chola son un matrimonio joven envejecido por la lucha de llevar adelante un proyecto de familia basado en un emprendimiento cuenta-propista de taller mecánico regenteado por el jefe de la familia. Ellos han logrado salir adelante y sobrevivir a los embates de las calamidades sufridas por la población en las décadas anteriores.
En los años precedentes a la historia que ocupa el filme, pasaron las plagas:
Dictadura Militar, genocidio, persecución de la política y del pensamiento independiente, guerra de Malvinas, instauración de las Democracias encorsetadas Kissingerianas de los ’80, el saqueo neoliberal de los ’90 Todo eso pasó por esa casa y nadie sucumbió, o por lo menos eso parece. Sin embargo la historia revelará que, lejos de ser así, el daño está subyacente:
La obstinación y la negación de los padres ha generado en Beto, su hijo, un profundo y negro vació existencial. Bajo una cáscara de ímpetu y banalidad, se retuerce un emplasto de miedos y deseos insatisfechos, que ese mundo trabajosamente erigido por Aldo y Chola decididamente no puede albergar ni exorcizar.
Sin embargo la vida cotidiana de Aldo, Chola y Beto y todo el mundo aledaño a la actividad cotidiana del taller y el barrio se desarrolla como la superficie del mar en un día cualquiera, con el conflicto y los oleajes menores propios de tal superficie.
Con la muerte de Javier, el hermano negado de Chola, que tiene un pasado de persecución política y militancia, llegará a la casa su hijo Hernán, primo de Beto.
Hernán, es un chico de 18 años, de incierta sexualidad, austero, casi andrógeno, distinto a Beto, casi su opuesto. Hernán ha sido criado en ambiente y valores distintos.
Su aspecto físico es el de un muchacho sufrido, serio, delgado y tímido. Sus aspiraciones, están ligadas a la realización de ciertas metas, como la de recibirse de Medico en el ELAM. Esto claramente potenciado tras la muerte de su padre Javier y como un modo de brindarse a una causa como medio de autorrealización ligando a la necesidad de trastocar el destino de dolor y marginación del que proviene su familia mediante la materialización de la utopía negada a sus padres.
La llegada de Hernán pondrá la casa de cabezas, será el catalizador de la formación de grietas y fisuras en la estructura de negación y alienación trabajosamente urdida durante años.
De la mano de Hernán entrara en el imaginario de Beto la idea y la sospecha de que otro mundo y otros sentidos son posibles y adyacentes a la rutina de su mundo personal, social y familiar, También detrás de Hernán se deslizará la figura de Marcia una muchacha estudiante, de ideas políticas arraigadas y militancia en derechos humanos, que deslumbrará a Beto con su belleza y luz interior.
Como en todo parto, el dolor será un protagonista presente. El Beto negador violento, despectivo y banal entrara en una crisis terminal que desgarrará las entrañas del muchacho. La colisión de esos mundos liberará la energía necesaria para un barajar y dar de nuevo, con otra premisa, muy lejana del individualismo y la apatía social.
El Entorno
El resto de los personajes, son en su mayoría, los que integran el “mundo” de Beto. Estos personajes si llevan en parte el peso de lo arquetípico.
Tatin, el ayudante de Aldo en el Taller, un muchacho apocado que esconde tras su actitud solicita, el drama de la soledad, la baja autoestima y la ausencia de horizontes.
Bermudez, el chofer de remis, un hombre crispado por su fracaso en el cual se adivina un pasado de empleado publico devenido en cuentapropista por obra y gracia de las privatizaciones.
Don Pascual, el jubilado inmigrante italiano celoso del cuidado de su humilde casita, devenido e clase media, jubilación italiana en euros mediante.
Y por ultimo Canutti, que por cierto merece un aparte.
Canutti, es un artesano vidriero cuyo local venido a menos está en la vecindad del taller de Aldo, Es un hombre viudo de mediana edad, pero de aspecto envejecido.
Con la muerte de su esposa, se han ido sus sueños y ha quedado empantanado en la rutina cotidiana de esperar en el taller de Aldo la llegada de algún cliente requeridor de sus servicios, que casi nunca llega.
Esta rutina solo es quebrada por el interludio de los fines de semana, que se convierten en islas de extrema soledad y melancolía,
Canutti resignado y taciturno es un ávido lector de cualquier cosa que llega a sus manos y el comentario de sus lecturas y sus propias teorizaciones al respecto llenan las horas vanas en la tertulia fáctica del taller de Aldo.
En el Taller es querido y al mismo tiempo irrespetado de cierta forma por su condición de ser doliente y también por sus alocuciones frecuentes, que los demás toman por delirios de alguien ocupado en menesteres tan banales como el leer y el pensar.
A diferencia de los otros habitues de la tertulia del taller, a Canutti le duele el presente, por eso aun sin clara conciencia, busca a su pobre modo, una salida al dolor, la soledad y la intrascendencia, en sus lecturas y lucubraciones. Esto lo convierte en una pieza clave en el relato puesto que verá, en la liberación de Beto, una proyección de la rotura de sus propias cadenas.


